Todo Es Un Motivo De Servicio

 

Hoy, en el siglo XXI, la especie humanidad anda en demanda de continuas necesidades: “Necesito esto… necesito aquello…”.

Ya sea a nivel individual, grupal o colectivo… el concepto de “necesidad” se desarrolla, y con él, el mercantilismo de la compra, de la venta, del acopio, del desahucio…

El sentido orante de hoy nos viene a recordar que el ser, por ser gestado en base a una necesidad de especie –cada uno-, por cumplir una función para realizar una necesidad de especie, está dotado de recursos, potencialidades, medios y posibilidades para dar cumplimiento a su estar, a su ser.

En base a ese criterio, las necesidades que van gestando las culturas, los grupos sociales, los imperios, las modas… se configuran –todo ello- como una realidad ficticia… y gestan en el ser la idea de necesidad.

Y aquel te hace creer que necesitas… Y el otro te hace ver que necesitas… Y tú le haces ver al otro, que necesita…

¿Realmente lo necesita? ¿O, más bien, tú tratas de ofrecer, dar, manejar, manipular, controlar…? Y entonces, creas en el otro la necesidad, y consiguientemente le apartes de su función. Y además lo haces inútil, porque necesita esto, necesita aquello…; sin esto, sin aquello y sin lo otro, no es “capaz de”.

Cuando se suple una función que el ser tiene, esta función queda abolida.

 Y es así como –en el tiempo presente- cada cual necesita y necesita y necesita…

Y se hace, al ser, dependiente. Cuando, en realidad, el ser está dotado para constituir una especie inter-pendiente; es decir, una especie solidaria, una especie con respuestas, una especie con adaptación, una especie evolutiva.

Pero… no ha sido así, de momento. Y se vive en esa dependencia de necesidades, y en el escaso desarrollo de las potencialidades ¡propias!, ¡genuinas!, de las que el ser está dotado para cumplir sus funciones. Están abolidas por modelos productivos, modelos rentables, modelos de poder… que consiguen hacer creer –que consiguen hacer creer-, hasta imponer las bondades de… los peines para calvos.

¡Difícil!, ¿eh?

Hasta esos niveles –jocosamente hablando-.

Y si ahondamos más, todavía la cosa es peor. Eso es jocoso, pero es orientativo.

 

El sentido orante nos recalca que, en la medida en que nos situamos en universos, en la medida en que nos constituimos en microcosmos, estamos recibiendo, recogiendo… la cosecha necesaria para desarrollar nuestras capacidades, a través del reino vegetal, animal, humano, mineral… Todo es un motivo de servicio.

“¡Ah!... ¡Ah! No necesitaba…

No. No necesitaba. Mi relación de especie, y con el medio, es una relación de servicio.

Me sirven el día y la noche, me sirve la lluvia, me sirve la tierra firme, me sirven los vegetales, me sirven los animales…

Me están sirviendo. ¿Y por qué me sirven? Porque estoy dotado con recursos para darme cuenta. Pero eso no me puede convencer para que especule, para que domestique, para que controle, para que maneje, para que manipule…”.

De la misma manera que el modelo de entorno me sirve, la actitud de mi identidad se convierte en servidora: servidora de sus dones, de sus capacidades, con sus dones, con sus capacidades…; que obedecen a una necesidad de especie, pero que no obedecen a necesidades particulares, grupales, sociales, nacionales, de una imposición humana.

Es decir –por si hay falta de entender-, cada ser humano es producto de una creación misteriosa. Tiene dotaciones de recursos para cumplir una función. Y aparece en el plano de la vida para cumplir con una necesidad de la especie.

Pero es diferente el concepto de “necesidad de la especie”, de las necesidades que crea el individuo de especie. Las necesidades de especie son misterios que vamos incorporando en la medida en que servimos… por las características de nuestra dotación.

Y esto no es de ahora, es… Es. Pero ocurre que se ve oscurecido, porque el ser se ha dado cuenta del recurso de posibilidades, de capacitaciones… que tienen los seres de su propia especie, y a partir de ahí empieza la rapiña, la competencia, la envidia.

Y así, a uno le hacen creer que es deficiente; a otro le hacen creer que es feo; a otro, que es guapo; a otro, que es débil; a otro, que es fuerte… Y siempre llega el alma caritativa para que lo necesites; cuando debería ser un servicio… de servir unos a otros, y convertirse en inter-pendientes, como especie.

Y así también, igualmente, ante esa demanda de necesidades entre humanos –que van creando unas necesidades unos a otros-, unos necesitan reafirmarse, otros necesitan valorarse, otros necesitan…

Pero, ¿qué es eso? ¡Es una trampa!

“Usted sirva en lo que es, como es, y de la manera que es, y evolucione, porque tiene un plan de Misterio y de Creación sobre su estructura, en su estructura, para su estructura, para sus especies –en las que va a habitar-.

La convivencia que vaya a establecer en su especie debe ser de servicio, en base a las dotes que cada uno tenga; no de dependencia”.

Es así como se pueden preservar la evolución y los recursos de la especie. Es así como podemos –en esa inter-pendencia- ¡cuidar!... de las capacidades, medios y posibilidades de unos y otros, y ¡evitar!... los riesgos, los peligros…

Y claro está, entre riesgos y peligros, aparecen dramas, tragedias… y más. Y luego vienen los llantos, los traumas, los dolores, los lamentos, los “no entiendo, no comprendo cómo ha podido pasar”

¿Cómo ha podido pasar? Usted ha transgredido todas las alertas y alarmas que tiene, para demostrar que es capaz, para comprobar esto o aquello…

Como en ese juego nefasto de “La ballena azul”, que se ha instaurado en Rusia, en el que los adolescentes tienen que superar pruebas y pruebas y pruebas hasta llegar al nivel 50, donde la prueba es quitarse la vida. Se supone que ya hay 130 adolescentes que se han quitado la vida para llegar a ese máximo que impone el juego, de “ser capaz de”, de “ser capaz de”…

Y así se llega a esas situaciones de:

.- No me gusta, no quiero, tengo miedo, me preocupa… pero lo voy a hacer.

.- ¡Ah! ¿Está usted bien de la cabeza…? No le gusta, le preocupa, tiene miedo, pero… ¿lo va a hacer?

¿¡Qué valor…!? –llegamos a este punto-. ¿¡Qué valor tiene, en consecuencia, el propio criterio…!? –o, en caso de duda, consultar-. ¿¡Qué valor tiene el propio criterio, para transgredir todas las alarmas que sobre él se han desarrollado!?

.- Oye, ten cuidado, no vayas por esa calle, por ese barrio, porque… hay una delincuencia muy alta.

.- ¡A mí me van a prohibir ir…! ¡Yo puedo ir donde me dé la gana! ¿Por qué no?

.- Bueno, yo te he avisado.

.- No, ¡si yo ya lo sabía!... que ese barrio era peligroso…

.- ¿Pero vas a ir?

.- ¡Sí!

.- ¿Qué te vas a demostrar?

En otro tiempo –corto, por muy lejano que sea-, avisábamos a grupos de alumnas –básicamente nórdicas-, con motivo de un viaje a India, de que por favor –era una época de calor-, fueran vestidas de una manera… Hindú; porque el short, las camisetas con la axila al descubierto… y otras prendas, en India eran mal vistas.

Pues bien, se avisó y se re-avisó, pero… la mente libre, la idea libre, la arrogancia de… ¿de qué?

Pues fueron de compras. Y todas vinieron sobadas, tocadas, alarmadas, asustadas…

Encima, decían:

.- ¿Por qué no nos ha avisado con más vehemencia?

.- ¿Cómo que con más vehemencia? Les he dado un curso previo en Suecia, y les he avisado días antes de ir de viaje, y les he vuelto a avisar, una vez que estábamos en New Delhi. ¿Qué más quieren que les avise?

¡Ah! Pero… ¡la porfía!, ¿no?:

.- ¿Por qué no? Si yo…

.- Pero es que aquí, las reglas… ¡son diferentes! Aquí tengo que adaptarme a otra posición.

Este ejemplo, como otros, son frecuentes: que se transgredan… como normas, para demostrarse… ¿el qué? ¿La valentía…? ¡Por favor!

Se ha adulterado tanto nuestra especie que, ¡si no se vive al borde de la navaja, para cortarse!, no se es digno.

¡Así que hay que estar ahí, “al borde de”…! Así que si no he sido drogadicto, alcohólico, violento, no tengo curriculum; no puedo hablar “de”, no puedo desarrollarme…

Así, la experiencia se ha llevado al terreno del sufrir, del drama, del trauma. Y resulta que nos han puesto en un paraíso, para congratularnos, para complacernos, y lo hemos vuelto un desastre de necesidades, de inutilidades.

Y lo llamativo es que toda esta “patología” está tan incrustada en las estructuras sociales, que culminan diciendo: “¡Es que así es la vida!”.

¿Así es…? ¿O así se ha hecho? Y hay que deshacer.

“Así es la vida, y los hombres son así, las mujeres son asao…”.

Y todo se muestra vicioso. Y a veces, para comprobar que no lo es, la persona se expone a lo vicioso… pensando que a lo mejor no lo es, pero ¡es vicioso! Y aunque lo sabe y lo conoce, no importa, ¡insiste!

¿Qué cosecha puede haber de ahí? Ansiedad, angustia, prevención, miedo… ¡Sí! Esa es la cosecha. Y sumar y seguir en ese ritmo.

Ir cosechando desconfianzas, sin descubrir dónde están las confianzas. Ir cosechando inutilidades, y buscando afanosamente necesidades.

¡Es prioritario!... asumir nuestra posición de Universo.

¡Es prioritario darse cuenta de la terrible situación de la especie!

¡Es significativamente trascendente ser consecuente en los sentires, en los pensares, en las creencias, en la fe, ¡en el testimonio!… con el servicio por delante…

Aunque ello va a suponer, sin duda, crítica, murmullos… Todo tipo de inconveniencias.

¿Y qué es lo conveniente? ¿Convertirse en un consumidor insaciable? ¿En un perseguidor compulsivo? ¿En un asaltante de posibilidades? ¿En un utilizador de recursos? ¿En un manipulador de intenciones?

La vida sigue viva. Y desde la vida viva, se reclama la identidad… la identidad de la propia vida; que es producto de la Creación de Universos; que no es casualidad; que es un Misterio; y que con él tenemos que asumirnos, desarrollarnos y crecer, a sabiendas de nuestras dotaciones y recursos, que serán necesarios para otros, pero no convertirme en un necesitado permanente… producto de una translocación severa de la especie, en la que –como se decía- “el hombre se ha vuelto un lobo para el hombre”.

¡No exageraba!...

***

TIAN

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