Somos Proyectos de Universo

La oración nos recuerda que somos un proyecto, una propuesta, una decisión, un ensayo.

“Proyecto, propuesta, decisión, ensayo”…

En consecuencia, no pertenecemos a una estancia finita, a una irremisible caducidad o… a un destino ¡fatal o glorioso!, sujeto a un “terminal”.

La oración nos abre, así, nuestra posición de Universo; ¡nuestra propuesta! –que no es propia, sino que es gestada por la Creación-… nuestra propuesta de ser Creación ¡viva!... En consecuencia, ¡expansiva!, fluida, clara…

Y ocurre que, el ser, en su ejercicio de vivir, se hace ¡retorcido!, replegado, ¡retraído!; se hace “complicado”. Y lo confunde con “complejo”.

La complejidad del ser es una expresión de su fluidez; de su necesaria expansión; de la necesidad de gestar nuevas perspectivas.

Si sabemos ser un proyecto, una decisión, una ¡apuesta!, una selección, un ensayo… nos atreveremos a abrirnos a nuevos espacios; ¡dejaremos! –“dejaremos”- que los espacios de otros… se ¡proyecten!, se realicen, se recreen.

Sabremos implicarnos e imbricarnos, unos, “en, a, hacia, por”… otros.

Si cada ser es un universo de proyecto ‘ensayable’, no debemos inmiscuirnos a manera de dictamen, sentencia o… manejo en otras situaciones que no son las que nos corresponden.

Y, en ese sentido, nos plegaremos, nos haremos ¡íntimos!: en la medida en que el respeto es… “vibrando en absoluto”.

Como proyecto, tenemos –en vida- unas estancias… que están –¡están!, ¡están!- por crearse, en la medida en que vamos, en la medida en que ensayamos, en la medida en que proponemos, en la medida en que decidimos. Y si ¡están!, pero se crean cuando transitamos, cuando nos expandimos, cuando nos proponemos, cuando nos ofrecemos, ¡sin duda!... lo están para hacernos delicia; hacernos complacientes; hacernos belleza; hacernos sutiles; hacernos embriagar de Creación.

No nos aguardan espacios sombríos, desesperos estancados…

Cuando esto ocurre es porque el ser se ha retraído; ¡no ha asumido su posición de proyecto!...

El proyecto, el ensayo, la decisión de la Creación, de la presencia “viva”… no se corresponde, ¡nunca!, con un fracaso; con una ruptura.

 ¡De ahí! –de ahí- que ¡la actitud!... ante lo que el hombre ha ido haciendo en su retracción, en su repliegue hacia sí mismo, tenga que ser ¡reconsiderada!, ¡replanteada!, revisada… –hasta el punto de saber que ésa no es la adecuada-.

Todo ello podría ser semejante a la historia de aquel gran señor que invitó a todos los circundantes, a su residencia, para ofrecerles una gran fiesta. Adornó con guirnaldas y con sonidos, las estancias; preparó los mejores platos; ordenó las mejores danzas… Y todo para mostrar lo que aguardaba en el lugar: que sería próspero, generoso… y cargado de belleza y de bonanza.

Y he aquí que, cada uno de los allegados, preocupados por sus quehaceres… –¡tan preocupados!-, fueron declinando su presencia. Todos tenían muchas cosas que hacer. A todos les preocupaban sus pequeñas contingencias.

El Señor se encontró vacías sus estancias, en las horas… que previstas estaban para el gozo y el disfrute. En vista de ello, salió por los caminos y recogió a los desahuciados, los menesterosos, los pobres, los peregrinos, los desvalidos…; y ellos fueron sus invitados.

Los allegados y cercanos siguieron enfrascados en sus posesiones, posiciones, opiniones…

¡Pronto!... pronto –a diario-, pronto –cada instante-, se nos “ofrece” el ensayo. Pronto –a diario-, pronto –al instante-… se nos llama al proyecto, al festín, a la belleza.

A poco… –“a poco”- consecuente que se sea con el diseño que nos adorna como humanidad, haría ya ¡mucho tiempo!... que no estaríamos en este lugar; en este lugar del Universo. Haría mucho tiempo que habitaríamos en otros lugares; con otras configuraciones; de otras formas y maneras.

Como humanidad, hemos dejado plantados a cientos de señores que nos han reclamado para sus fiestas, para sus alegrías; para mostrarnos los proyectos que nos aguardaban… en donde estaba escrito nuestro nombre; en donde estaba reservada nuestra estancia.

 

En virtud de ello, debemos –al menos- acusar el recibo de esta referencia. Y, acusando el recibo de esta referencia, empezar a mover las páginas de las nuevas historias; ¡empezar a acudir!... a los nuevos reclamos.

Ahora que los redobles de la renovación nos ¡claman!, nos ¡llaman!, ¡se nos muestran!... que no se abandone ni un instante para mostrarse dispuesto –¡al menos!-.

¡Empezando!... se desenrolla el pliego prieto de nuestro repliegue, desde el más mínimo detalle.

Saber que hay espacios que nos aguardan y que, con la inmediata intención, ¡se crean!

Ciertamente, puede pensarse que es “misterio”, pero también –evidentemente- ¡sabemos!... que el pequeño universo conocido… se posiciona continuadamente en espacios distintos.

Amanece continuamente en la infinita oscuridad. Ahí estamos nosotros.

 

 

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