Cuando la referencia es la Creación

 

Y cuanto más se referencia el ser con su sentido Universal, con su pertenencia al Misterio… más evidencia la mano de la Creación, y menos interfiere en los procesos Creativos; más cómplice se hace de una Creatividad compartida, congeniada, comunitaria, consensuada…

Así, el error no se hace presente.

El error se gesta en la medida en que el ser se ‘exclusiviza’, se separa, se divide, se autoriza y se egolatriza, se idolatra en sus capacidades…

En esas posiciones el debate surge, el combate es inevitable; y la dependencia de castigo, la dependencia de los prejuicios, la dependencia de la opinión ajena… se hace batalla, se hace guerra.

La Creación, desde las instancias del Misterio Creador, nos regala continuamente opciones para percibir los cuidos, los desvelos que la vida ejercita para mantenernos, para conservarnos, para promocionarnos, ¡para que seamos capaces de ver, de sentir, a través de los otros, ese amor Creador!; ese amor sin prejuicio; ese amor ¡regalado! que no pide nada a cambio.

A través de los otros… descubrimos, por nuestras sensaciones de comunión, de atracción… y por las de otros hacia nosotros, que ese Misterioso afán enamorado es el producto representado de la Creación a través de ¡todos los seres!

Y a menudo ocurre una controversia en el ser, a propósito de lo que intuye su vocación, su dedicación, su preparación, sus dones… y lo que hace, lo que expresa, lo que preparara, lo que protagoniza. Una dualidad en la que “le gustaría ser, quisiera ser…”, pero resulta que se comporta, actúa y siente de otra manera. Es producto de esa doble vertiente que inevitablemente surge como oposición, como clarificación.

En un caso, la referencia es el Misterio, la Creación; en otro caso, la referencia es uno mismo o, para ser más exactos, lo que quieren que seamos, otros.

Es semejante o similar a la contradicción entre los que suspiran, aspiran, proclaman y dicen sus ansias libertarias… y, a la vez, ante cualquier discusión, problema o infidelidad, recurren a las leyes.

¿Habrá algo más falso que una ley...?

Si pregono el sentido libertario –y más aún si pregono el liberador- la ley es un fracaso; es un inductor –o es una inductora- de rebeldía.

Las comunidades humanas producen y producen leyes incesante e incansablemente: para obligar, castigar, perseguir, observar, espiar, controlar… Y el ser humanizado –no el divinizado- queda convencido de la eficacia de la ley. Nunca mejor dicha la palabra: “con-vencido”. Sus ánimos liberadores se quedan… ¡en imposibles, en improbables, en impensables! –¡claro!-. Y así se convierte en un… en un pedazo de manipulación, que atiende a los poderes de turno; que luego modificarán y cambiarán esas leyes por otras, y todos nos prometerán seguridades.

¿Seguridades?

En esa discusión entre lo humano de la egolatría, y lo Divino de nuestra referencia hacia el Misterio Creador, cada vez más vamos contemplando cómo el ser se aleja de su Principio. El ser asume más y más economía, de su vivir, aunque esto suponga estar en una cárcel: una cárcel de rendimientos, aprovechamientos, posesiones, querencias… Innumerables barrotes que no se ven, o sí se ven, pero compensan por un instante de… ¿placer? ¿Llega a eso?

Es importante que, cuando el ser se encuentre… –por momentos, por tiempos, dependerá de cada ser- se encuentre referenciando en ese amor enamorado de Creación, liberado de sus apegos esclavistas, y dispuesto a compartir y a ¡atraerse hacia lo solidario!, es frecuente –importante, ya hemos dicho- pero es frecuente que, viendo a los que se referencian por su egolatría, idolatría, etc., se les vea como opositores, enemigos… Se incurre –cuando esto ocurre- en un defecto de soberbia.

¿O acaso no es más propio del que se referencia en lo Divino, contemplar, al que no lo hace, como también procedente de la misma estancia, también procedente de esa Creación Innombrable?

¿No será acaso, cuando surge esa “soberbia camuflada”, no será acaso que se nos pone de frente, delante, lo que no es adecuado, como si tentación fuera, para probarnos, para evaluarnos…?

Sí; eso parece una cualidad muy humana, pero el origen de la vida no es la creación de “buenos” y “malos” –como nos han contado-, ni el transcurrir de la vida hasta la consumación de los tiempos, una guerra permanente hasta el triunfo final de “lo bueno”. No.

El Misterio Creador no es cruel.

Sin duda, es una Fuerza o una Expresión de Amor tan inconmensurable que, lo que aquí cotidianamente se maneja como amor, es una muestra ¡tan pequeña! que, a veces, cabe pensar que ¡ni lo es!

Por ello, no caer en la trampa de ese dualismo que, aunque se decida el ser por esa versión de “idílico referente Creador”, esto no conlleve la inevitable controversia, confrontación… Porque, cuando es así, aunque sienta el ser que está en el sentido correcto, gravita sobre él el que “los otros”, “aquellos” o “estos”, no compartan esa visión; ¡le reclame!, al otro, protagonismo, importancia, ganancia, seguridad…

Es cierto que, con mucha frecuencia, esa vivencia referenciada hacia lo desconocido genera actitudes petulantes, superiores o privilegiadas. ¿Acaso la Creación, con su grandeza, reclama una posición privilegiada?

Se hace grande el ser cuando se descubre como expresión de lo Divino. No necesita voluntad ni propaganda ni apego, su ejercicio comprometido; lo hace, evidentemente, un “servidor”.

Y ese servidor no está pendiente de la critica, la opinión, el ataque, la inquina de lo egolátrico. No. Lo escucha, lo ve, le duele, le apena…, pero su filiación a lo Creador-Creativo es decididamente… intocable.

Consecuentemente, el que está en la vía de la liberación no huye, no se escapa, no reniega, no se aísla. Si lo hace, es que teme ser contagiado, luego no está verdaderamente liberado. Tiene sus dudas. Y las dudas son territorio de la egolatría y de la idolatría. Y más tarde o más temprano, se cae en las seguridades, el productivismo, la renta, la razón… Y eso podemos verlo en multitud de casos.

Así que, cuando se está en ese caminar liberador, el aislamiento, la separación, no. No. el cuidado, la alerta, la alarma… para preservar. Pero no el aislamiento, no el privilegio, no el combate…

Estamos en el vivir. En un vivir común que necesariamente comparte, necesariamente se unifica y se une, aunque se pelee y se distorsione.

Y es precisamente en lo hedonista, en lo egoísta, donde mejor se puede testimoniar la vía liberadora; donde mejor reluce la Presencia Enamorada.

No es el sano el que precisa cuidados. Es el enfermo el que necesita ayuda. Pero que, en los cuidados, no se caiga embaucado en la importancia personal, o no se caiga obligado por las demandas del necesitado.

Que nuestro hacer y ejemplo sean una referencia para que, el que necesita, el que se duele, el que reclama, pueda adherirse a otra referencia que no sea su dolor, su preocupación o su chantaje continuado.

¡Ay! ¡Y cuántos sucumben a ese chantaje! ¡Y cuántos pierden el rumbo, por un servicio muy mal entendido!

No interpretar el generoso afán de servicio, con la falta de rigor.

La humanidad, en mayoría, piensa y siente que es la hacedora, la creadora, la propietaria de la vida. Y se ejercita como tal, y traza fronteras… inunda de leyes la convivencia… prohíbe y prohíbe bajo el martillo del poder y la violencia… Y se va gestando una humanidad temerosa, a la que se suele añadir además… –con frecuencia, en la vía liberadora, en la vía de sentirse heredero de ese Misterio- se suele añadir ¡el temor a Dios!, el temor de Dios, el temor de lo Divino, ¡el temor a lo Divino!

¿Temor?

No.

Ya se decía: la Creación Amorosa no es cruel. No es el temor lo que me incita a la bondad, a la verdad, a la sinceridad. No. Es justo el amor lo que me incita al compromiso, a la entrega, al servicio.

Por tanto, nada he de temer sobre mi origen. Más bien he de cuidar el testimonio, y el estar, y el hacer. Y ante la ola de prueba o… diferencia con lo que se haga, no caer en la trampa de asustarse, amedrentarse o combatir.

La vida es una complacencia Creadora, Misteriosa.

El Sentido Orante, con su llamada, nos alimenta, nos nutre, nos advierte. Es ese sol que amanece. Es esa luna que oscurece. ¡Es ese aliento de respiro! ¡Es esa admiración de lo sentido!

El suave amanecer nos suspira, con sus colores, la referencia Creadora. ¡Nos inspira, con sus sonidos, la creatividad en el ser! Nos hace liberados en la inmensidad del Universo, como si no existiéramos. Pero estamos… y somos.

“No perderse en el viaje de las Eternidades”.

El Sentido es claro.

El amanecer –nacer por el amar- es permanente y continuado.

¡Allí nos llevan!

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La Oración que realizamos es una Oración que no está circunscrita a ninguna religión. Creemos que la Oración puede ser un instrumento Liberador y Sanador. Y tiene como referencia a la Creación, a las diferentes Fuerzas que nos animan sin entrar en ponerle un nombre u otro. La creencia de que la Oración es un elemento indispensable para nosotros, nos llevó a crear un espacio dedicado exclusivamente a la oración: “La Casa del Sonido de la Luz”, un lugar situado en el País Vasco , en Vizcaya, en la estructura de un caserío. Allí se realizan encuentros orantes y jornadas de retiro.

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“La Casa del Sonido de la Luz” ARGI DOINU ETXEA se encuentra en la localidad de Ea, Vizcaya. Un espacio abierto para los alumnos de la Escuela Neijing, los cuales pueden realizar estancias de 1 a 5 días.
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