Rescatar nuestras esencias

 

Nuevos amaneceres. Nuevos comienzos o manifestaciones, en nuevas posiciones.

Así se está permanentemente.

Mas no se aprecia.

No estamos en el mismo lugar del Universo, que ayer, que hace un instante. No es el mismo amanecer de otra jornada. No somos los mismos organismos que ayer o antes de ayer… Somos “nuevos”.

Y como “nuevos”, se deben gestar ¡nuevas! actitudes, disposiciones, propuestas, colaboraciones, solidaridades, afectos, obediencias… Todas esas palabras que se han ido quedando vacías… y que son las que realmente representan “lo nuevo”.

Parece existir un hincapié, una ¡insistencia!, una… ¿provocación?, de demostrarse, de realizarse, de ejercitarse… de igual manera, con iguales modos de ¡competencia!

Pero parece que la insistencia es el leitmotiv que enseña, que aprende…; pero, a la vez, que retrasa, que ahoga, somete, atenaza, impone…

Pareciera… –nos ‘llama’ el Sentido Orante- que aún nuestra especie humanidad va dando –como se suele decir- “bandazos”: que va a un bando, va a otro… sin saber por qué, para qué…

En estos días se reunían los veinte mandatarios más influyentes… –“determinantes”- de la especie, en cuanto a las posibilidades, recursos, manejos, etc.

Lo único que ha trascendido es un pequeño manifiesto sin ningún compromiso.

Parece –o pareciera- que eso no fuera con nosotros, con aquéllos, con los otros, sino que fueran cosas entre ellos –los mandatarios-. Pero no. Es un reflejo de los que ejercitan el poder; que ni siquiera saben cómo expresarlo, manejarlo, ocultarlo o… mostrar una insulsez de despropósitos, sin un claro abordaje a… a las crueldades y dramas que asolan nuestra existencia.

Y cabe decir: “¡Claro! Si… si ellos están así… ¿por dónde vamos nosotros?”.

Muestras y más muestras: desde los más poderosos hasta los más menesterosos parecen resistirse a aceptarse como permanentemente “nuevos”. Y se aferran a lo de ayer –por poner una referencia-… o se aferran a lo que quieren que sea, y no lo es.

Parece como si un miedo ancestral –por situarlo en algún tiempo, espacio y característica- se ciñera sobre “lo nuevo” y… se diera por bueno eso de que “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”.

¡Terrible error! que –a través de civilizaciones, de filosofías, de religiones-… tiende como inexorablemente a repetir y quedarse anclado en el “ojo por ojo, diente por diente”, en mi, mi, mi fiesta, mi, mi, mi tierra, mi, mi, mi idioma, mi, mi, mi punto de vista.

Pero… ¡la vista es muy amplia! ¡Por favor! ¡No se queda siempre mirando a un punto!

El oído escucha muchas cosas. El olfato es capaz de distinguir infinitos matices. El sabor es espectacular. Y la textura que somos capaces de sentir e imaginar es… ilimitada. Entonces, ¿qué hacemos con los sensores que nos trasmiten novedades permanentes? ¿Por qué usarlos tan mal?

¿Por qué ver el día como un día más? ¡Parece una tortura!, ¿no?

.- Un día más. Un lunes más.

.- ¡Oh, eso es peor!

Parece que el ser no quiere –a pesar de tantos quereres y querencias-, que no se atreve a… a realmente ser lo que es: “nuevo”. ¡Con todas las garantías que implica la novedad! Como es la Creación. Como es el Misterio Creador.

Su garantía es que aquí está de nuevo el amanecer. ¡Nuevo! ¡De nuevo! “De nuevo”. No como repetición, sino como novedad. Aquí está de nuevo la oportunidad. Aquí está de nuevo la asistencia. Aquí está de nuevo la inspiración. Aquí está de nueva, la fantasía. Aquí está de nueva, la propuesta. Aquí está de nueva, ¡la revisión! Aquí está de nuevo ¡la rectificación! Aquí está de nueva, la… fantasía.

Todo con la garantía –no del Estado, precisamente-… con la garantía Creadora. Con la garantía de… el Amor que hace posible la vida, como una excepción… ¡insólita!

La vida: una organización ¡increíble! ¡Insondable!

Y en el caso de nuestra especie, inmedible, inconmensurable.

Y a pesar de todas esas ilimitadas garantías, el ser se secuestra en sus condicionantes, en sus prejuicios, en sus costumbres, en sus radicalismos… éticos, morales, religiosos, costumbristas, ambientalistas, alimentarios…

No es… ¡justo!, ¿verdad? No es justo que, sin tener “cárceles creadoras”, el ser se encarcele y construya ¡sus rejas!, sus verjas, sus guardias; renuncie a la fuga; ¡acepte las cadenas!… y no se incomode ante la perpetua; esté siempre con la condicional.

¿Qué clase de especie es ésta?

Nos gestaron en el Misterio y, como tal, en el Amar. Nos mostraron lo increíble.

Nos ligaron al más allá.

Y pareciera que, por un momento –pareciera que por un momento-, nos abandonan.

Sí. Pareciera como si el Misterio, con su infinita Creación, se avergonzara de su propia “obra”.

¡Por momentos! –por momentos-, el abandono llama y pregunta…

Y pregunta e indaga ante… el desvarío, la obsesión, la indigencia, cuando los recursos abundan; cuando las posibilidades se acrecientan; cuando ¡más signos creadores nos adornan!, como si hubiéramos pedido auxilio.

A lo mejor sin saberlo… estamos reclamando ¡socorro! Como esa parte oculta de nuestro ser; como “esa esquina del alma” que… ¡no se siente!

“Esa esquina del alma, que no se siente”. ¡Recreativa! Que, ahogada por la vulgaridad, saca su SOS. Que, por vergüenza, no se atreve a decirlo fuerte, no vaya a ser que se piense que se es débil o incapaz de seguir cumpliendo lo mismo.

Sí. ¡Sí! En un rincón de la esquina este, se capta una señal de auxilio.

En un rincón de la esquina este de nuestra alma, se encuentra como un ovillo el germen que nos mantiene y que no ve… en nuestro ser, en nuestros seres, la novedad permanente; la novedad constante como… “el verdadero estilo de vivir”.

A veces, en momentos de euforia, se suele decir: “¡Estoy como nuevo!”...  –¿verdad?-. “Estoy como nuevo. Me han dejado nuevo. Me he quedado nuevo”.

Inconscientes palabras, pero verdadera necesidad.

No es “como nuevo”…; “es usted nuevo”, hoy.

Y durante todo el transcurrir va seguir siendo “nuevo”.

Haga consciente esa evidencia, que está sumergida y ahogada ¡en ese rincón de la “esquina este” de su alma!

¡Deje expresar sus sentires, emociones, intenciones, fantasías, propuestas, sugerencias, arreglos, conversiones, regeneraciones!… ¡Un largo etcétera!

¡Déjese ser lo que es! ¡No se aferre al papel que le han impuesto! No añada un eslabón nuevo a su cadena; ya está bastante corto, atado.

¡Enarbole su bandera!: ¡la de ser único! ¡Único! ¡Irrepetible! ¡Insólito!

¿¡Se ha dado usted cuenta de eso!? ¿¡Se ha dado usted cuenta de que ha sido creado en exclusiva, con unos dones, unos talentos y unas capacidades, en base a unas necesidades!? ¡Y usted se empeña es ser masa!, ¡vulgaridad!..., ¡igual que todos!, “¡todos somos iguales!”… y otras frases costumbristas de raigambre histórica, como anclada en un señor feudal que se carcome.

¡Es usted único! Ejerza su unicidad. ¡Ejerza en su singularidad!...

Lo necesitamos. Nos necesitamos. ¡Pero no para imponernos los unos sobre los otros! No para mandarnos, envidiarnos o… temernos. ¡No!

Para vernos como “nuevos” –porque nuevos somos-.

Para vernos en nuestra singularidad, excepcionalidad…; ¡únicos!

¿Se puede ser más?

Admirarnos, embriagados por nuestra presencia; sorprendidos por contemplar a otros en nuestras frecuencias; atraídos por el resplandor de otros… Y otros, de otros y de otros. Todos insólitos.

Y no por ellos –ni por ello- solos, sino con esa vibración de Amor continuado que nos muestra, en cada encuentro orante, ¡el detalle!...

¡El detalle que hacía falta!… Que es ¡enorme! ¡Que con uno solo de ellos sería suficiente!

Pero que con esa pérdida de identidad y esa “humanidad amalgamada” se precisa que nos llamen una y otra vez a rescatar y a recuperar nuestras esencias.

 

Nuevos horizontes… permanentemente amanecen. Nuevas versiones de uno mismo, constantemente se muestran. Nuevos rostros que parecen los mismos, permanentemente se enseñan.

Tomar consciencia de ello es verdaderamente “seguir naciendo”. Y con ello seguir haciendo… desde esa Infinitud que nos inspira, amantemente, hacia el descubrir nuestras esencias. Y que éstas ¡despierten a contemplar!... y transformar, el vivir, en un vivir complaciente, ‘contemplante’, ¡convertidor!, ¡consensuado!, ¡con amado proceder!…

En nuevos aires despertamos. En nuevas sensaciones nos mostramos. En nuevas posibilidades… ¡despertamos! En nuevas, en únicas, en insólitas, en imprescindibles y en necesarias acciones… nos debemos sentir representados.

Y es así como lo “nuevo” se hace… ¡excepcionalmente cotidiano!

Y el parpadeo de vivir se hace liberado…, visionario…, ¡insondable!

***

 

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La Oración que realizamos es una Oración que no está circunscrita a ninguna religión. Creemos que la Oración puede ser un instrumento Liberador y Sanador. Y tiene como referencia a la Creación, a las diferentes Fuerzas que nos animan sin entrar en ponerle un nombre u otro. La creencia de que la Oración es un elemento indispensable para nosotros, nos llevó a crear un espacio dedicado exclusivamente a la oración: “La Casa del Sonido de la Luz”, un lugar situado en el País Vasco , en Vizcaya, en la estructura de un caserío. Allí se realizan encuentros orantes y jornadas de retiro.

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