¿Caben, en un Nuevo Mundo, fiabilidades incompletas?

 

Descubrir y descubrir… parece ser una inclinación de la vida…

Parece que estamos situados en un Universo que nos guarda sorpresas, que alberga misterios…

Descubrimos y descubrimos secretos… Y, a veces, podemos tener la sensación de que un misterio se desvela. Pero, a la vez, acude también la sensación de que “nos han dejado”… que lo desvelemos. Es decir, nos lo han revelado.

 

Nuestra humanidad ha tenido que recurrir a secretos… para salvaguardar descubrimientos; porque ya se habían establecido previamente unas constantes que no se podían cambiar…

Como cuando la Tierra era el centro de la Creación, y el Sol daba vueltas alrededor de nuestro planeta.

Tuvo que pasar mucho tiempo para que aquello, aquella constante, cambiara.

Hoy parece que es menos. “Parece”. Pero, a la vez, hoy parece que son insondables… los secretos. Y resultan absolutamente desbordables, desbordantes, los misterios.

 

 

Y como “constantes” con el fin de perpetuar o asegurar una certeza, se dan las historias de calendarios y celebraciones.

Y en esta semana, curiosamente, se celebraba el descubrir… ¡América! Y, en ese recuerdo, unos lo celebraban con protestas, con rabias, con desdenes… por lo que supuso el “conquistar” América, más que “descubrirla”, y todo lo que lleva una conquista, mientras que otros lo celebraban con desfiles, con vanaglorias, con orgullo y con pasión, porque llevaron la cultura, llevaron la religión, llevaron la escritura, llevaron la renovación. Aunque… algún que otro error ocurría.

Cada uno barre para su lado.

También, no es casual que, en ese mismo tiempo, se celebrara “el día del Gran Perdón”: el Yom Kippur. Y los hebreos lanzan sus pecados a la mar para que sean purificados.

¡Con tantos perdones que se han solicitado!, ya no debería haber ninguna lacra.

Pero algo no se debe de estar haciendo bien… cuando el perdón no renueva, no realza, no reclama, no recicla, no rectifica.

 

¡Sí! Un “Nuevo Mundo” se abrió; como en el ejemplo anterior, cuando descubrimos que la Tierra giraba alrededor del Sol, y que éramos… un planeta más, diferente a otros; y otros, diferentes a nosotros.

Pero, sí. Una columna vertebral se presentó ante los sabios. Quizás antes fue vista, pero no, reconocida.

Seguramente fue una oportunidad para que… las constantes se modificaran, para que los principios se reevaluaran. Pero no fue así. Se exportaron las constantes, se exportaron las matanzas, se exportaron las leyes, costumbres…

En realidad… no se descubrió nada.

Simplemente se vio la posibilidad de… ampliar las mismas ansiedades, fascinaciones, rapiñas, robos, poderes y ganancias.

¡Pero fue una oportunidad!...

“Un Nuevo mundo”. Porque éste se corrompía, se estropeaba, se deterioraba. Pero ha seguido…; ha seguido, básicamente, con las mismas constantes. ¡Con algunas modificaciones, claro! Inevitable.

 

Nuestra comunidad tenía que apuntarse en algún sitio de las constantes… para tener también su festivo momento.

Sabiendo que late y pulsa “¡lo nuevo!”. Porque nuevos somos. No hay antecedentes. Sí hay errores. Sí hay dificultades. Sí hay carencias. Ahora bien, hay un continuo y constante afán de novedad, de indagación, de ¡sorpresa!… Como simulando el descubrir lo nuevo. “Un nuevo mundo”.

Sí. Y estamos en –estamos “en”- la vía de aportar… elementos para una nueva consciencia, para un nuevo y diferente contemplar… que no se rija por las constantes impuestas; ¡que sepa estar entre ellas!; y que, a fuerza de perseverar, se muestre como una auténtica novedad… que ¡apuesta! por una humanidad celestial. ¡Sí! ¡Una humanidad en la que la bondad esté presta!, el servicio esté dispuesto, la colaboración esté atenta, el afecto sea sincero… y la amabilidad sea cotidiana.

 

El sentido orante nos guía, nos orienta, nos sugiere… hacia esa nueva dimensión, hacia esa nueva consciencia, hacia ese nuevo mundo. ¡Que ya no es un sitio concreto!, sino que ya es… una idea, y un ejercitarse en cualquier lugar: Norte, Sur, Este, Oeste…

El sentido orante de hoy, además de situarnos en perspectiva, nos orienta hacia la corrección, la rectificación, la renovación de nuestras intenciones.

 

Es siempre un buen momento… para evaluar el entorno, y para ¡evaluarse!

Y, en esa medida, descubrirse en aquello que es preciso rectificar, es necesario cambiar.

¡Tenemos que –nos indica el sentido orante de hoy- ver… la capacidad de fiabilidad!

¿Soy fiable…? ¿O aún soy ‘infiable’? Soy fiable para A, B o C, pero no para el resto de las letras…

¿Caben, en un Nuevo Mundo, fiabilidades incompletas…? ¿O eso implicaría seguir aferrado a las constantes?

¿Hasta qué punto es usted fiable? ¿Hasta qué punto ha de preguntarse, el ser, que es fiable?

 

Ése sería el sentido orante que equivaldría a lo del Gran Perdón –el Yom Kippur-, pero con un sentido operativo. No, esperando que llegue lo Divino y nos convierta. ¡Antes tenemos que estar fiables! Antes debemos ser fiables… a nosotros mismos y a nuestro entorno.

 

Cuando el ser se siente fiable ante lo orante, está en disposición de abrirse, sin reservas, al Misterio de lo ¡nuevo!

¡Sí! Porque el Misterio no es algo que esté oculto y escondido. Es algo que nos renueva, nos sorprende, nos habla… con el lenguaje de los aconteceres.

El hecho de ponerle el sonido de “misterio” es por su inconmensurable grandeza; es por equipararlo a lo que llamamos “Creación”, y que se sustenta no solamente en donde estamos, sino en toda la universalidad de lo ¡poco! que conocemos.

 

Que cada cual se descubra en su fiabilidad. Y, en consecuencia, en su viabilidad hacia una nueva posición… en la que ya se está, pero que, sin duda, precisa de fiables consciencias. A sabiendas de que… el Misterio que hasta ahora nos ha cuidado, custodiado, transportado, es el referencial que nos promueve. Y, en esa promoción, nos avisa. Y hoy nos advierte de “lo fiable”.

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