Patrones de referencia

 

Y desde su misteriosa grandeza, nos acoge.

Y desde su impensable cobertura, nos impulsa.

Y desde su infinita proximidad y lejanía, nos susurra.

¡No condena! No maltrata. No persigue… 

Enseña. Muestra. Sorprende. Avisa. Advierte…

Y así, el ser encuentra su máxima plenitud; máxima plenitud, cuando… confía en encontrarse en este marco descrito. Si por el contrario se centra en sus recursos, sus capacidades, sus cálculos, sus prioridades y sus posesiones, el camino es obtuso, confuso. 

Conduce sin saber hacia dónde y… culmina en sus posesiones, sus dominios y sus defensas, que se hacen ataques cuando alcanza preponderancia.

Pareciera –planteado así el Sentido Orante de hoy- que es fácil asumir una aceptación, comprometerse en un proceso y estar atento a los propios desprecios; ¡y velar por los aprecios!

El patrón de referencia del ser de humanidad no es su perfección, no es su divismo, no es su conocimiento.

Si el patrón de referencia se establece en base al propio criterio, ¡sin saberse situar en el patrón de referencia de universalidad!… terminará –en el sentido de “esclavitud”- sometido a palabras, reglas, cartabones, letras… Tomará… tomará de referencia lo que otros como él hicieron e impusieron. 

Cuando escuchas tu propia voz, nunca escuchas las voces ajenas, ¡y menos aún!... los sonidos de la Creación.

Cuando los patrones de referencia se establecen en base al propio conoci-miento, el ser repite, ¡y mal! –repite, ¡y mal!-, un prototipo humano que ya repitió a su vez, ¡y mal!

Sea cual sea la labor que se tenga que realizar, cuando busquemos un patrón de referencia, tengamos siempre en cuenta que tenga cualidades de universalidad…; que no obedezca a interés personal o patrones establecidos. 

¿Es que acaso se puede inventar, copiando? ¿O realmente… copiar es copiar y no es inventar?

Esto parece muy obvio, pero no lo es. 

Y el poeta trata de poetizar de acuerdo con la generación de poetas en la que está viviendo; y el músico trata de musicalizar de acuerdo con el patrón de musicalidad que está experimentando; y el arquitecto y el médico… –y así sucesivamente-, cada uno se queda esclavizado en su gueto. 

Cuando a alguien, ¡cuando a alguien se le ocurre!, porque le inspiran, porque en algún momento se libera y no está sometido a la estirpe del momento o a la tiranía del tiempo de “lo que se lleva”, en principio es rechazado; en principio es inaceptable. Si persevera, si muestra que despierta interés, porque lo anterior es caduco… porque ya no aguanta más repetición, entonces se cambia a otra dimensión.

Cuando los peludos Beatles aparecen, ¡nadie podía pensar ni pensaba que iba a ser una dimensión nueva, renovadora! Pero la anterior estaba ya absolutamente decadente. La represión sexual estaba absolutamente, ya, sin recursos… Y aparece un nuevo paradigma. Y a partir de ahí, las sinfónicas, los grupos y más grupos y más grupos… empiezan todos a copiar todo. ¡Claro! Copian y copian, y no superan la copia.

Cuando se ponen de moda las dictaduras, con los “libertadores”… ¡era un honor ser dictador!, como lo fue Simón Bolívar. ¡Un libertador!, ¿dictador? ¿Cómo es posible esto? O es dictador o es libertador. Pues no: es “dictador libertador”.

Aparecen dictaduras por todos los sitios. No se podía concebir un gobierno que no fuera dictatorial. Hasta que aparece –que estaba por ahí- la democracia, paseando; aparece la dictadura –cómo no- del proletariado… y se crean los cismas sociales, históricos, que todos conocen. Y así, ahora asistimos al deterioro, a la carcoma de la democracia, a su corrupción permanente… Y se saltará, seguramente, a una tecnocracia competente… hasta cierto punto.

¡Hasta hace poco había ideales!, idealistas. Y eran admirados –hasta cierto punto, claro-. Pero, la practicidad del dinero, la evidencia económica, la imposición de “tanto tienes, tanto vales”, la ganancia…

¿Dónde están los teóricos? ¿Dónde están –sean cuales sean las ideologías- los resultados económicos que pueden aportar? Sin ellos no hay nada que hablar.

Y así podríamos repasar ¡tantas y tantas tendencias! –esclavistas todas ellas- que, guiadas por la sapiencia humana, solo consiguen malestar, inquietud, tensión…

El Sentido Orante nos advierte, nos muestra, en esta pequeña gran dimensión de ejemplos, cómo necesitamos patrones que no se basen en la destrucción previa, porque recogeremos modelos que se van a depreciar también después.

Si nos movemos, en cambio, en patrones de universalidad, no de egoísmo nacional o personal o individual, este idealismo evolucionará según el patrón creador, creativo, de las necesidades en relación con los medios, para buscar el equilibrio.

La cárcel a la que se somete el ser humano, en base a sus principios, en base a su hedonismo, en base a su importancia personal, fíjense bien, es ¡cadena perpetua!

Aunque amplíe su celda y la dote de tecnologías y de patios con césped y golf, es cadena perpetua… 

No saldrá de ahí. Y ahí consumirá sus bienes, sus dones, sus gracias, sus recursos de Creación. Y le harán un panteón –si es que triunfa- y loas, y le dedicarán páginas en la Enciclopedia Británica… e incluso tendrá renombre en Wikipedia.

Sí. El hombre roza lo eterno con lo perpetuo, y hace su cadena perpetua: una cadena que le ata a sus minúsculas producciones; y que, al acercarte a ellas, ves que son mini cadenas. 

Y encadenadamente es capaz de escuchar música, pero es incapaz de hacerla. Vale el término de “cadenas”: “mini cadenas”.

No es lo mismo “cadena perpetua” que Vida Eterna. No es lo mismo Inmortalidad que “larga vida”.

No es lo mismo Infinito que “lejano”.

Y, ¡conformarse!, no significa esclavizarse; significa adaptarse para tener el calco de lo que hay, y promover en la serena escucha lo que se debe promocionar, lo que se debe investigar y cambiar.

En la medida en que el ser se guía por patrones conocidos, domesticados y –en definitiva- por protocolos de ganancias… o simplemente ¡control!, ¡control!, ¡control!, queda reducido a su mini planeta; queda reducido a… a su abecedario.

Pero, como el respeto se gana a través del miedo, y el miedo y el respeto se llevan bien en lo cotidiano, hay miedo a seguir otro patrón que no sea el patrón ¡que manda!, ¡que obliga!, ¡que castiga!, ¡que premia!

Respeto gestado por el miedo, es respeto cobarde que tomará la revancha en algún momento.

El respeto admirativo, el respeto de evidencias… sitúa al ser en la dimensión de lo incontrolable. Entonces, el respeto no hace falta controlarlo ni manejarlo, sino que se da.

¡Ay!... ¡Ay! Si las olas y los oleajes del mar siguieran un patrón establecido, legal… ¿sería mar?

¡Ay! Si el vuelo del águila siguiera unos patrones establecidos, conocidos, aunque sepamos estilos, si no contara con la imprevisibilidad ¿sería águila?... No.

Entonces, como referencia y ayuda: cada vez que queramos seguir alguna… corriente, del tipo que sea, tenemos que cerciorarnos de que admita una imprevisible improvisación…; si no, no es válido.

No le puedo pedir, a la rueda dentada de un reloj de cuerda, que de vez en cuando los segundos vayan más deprisa –¿verdad?- o los minuteros vayan más despacio. No. Está encadenado.

Si es eso a lo que se aspira, ya está prácticamente logrado.

¡Pero no! En el fondo, cada ser aspira a esa imprevisible sorpresa y novedad; y la tiene ahí, a veces en la punta de la lengua o en la punta de la mano, pero cuando llega el momento, los miedos personales, sociales, culturales; los… 

.- ¡Ay! Que voy a perder tal seguridad!...

.- Pero vas a ganar en liberación.

.- ¡Pero voy a perder tal seguridad!...

Y así, va perdiendo ocasiones… Se hace cuerda tensa de amarre, que no permite que el buque salga a navegar, con los consiguientes imprevistos de mareas, vientos… 

Los que dicen que conocen la mar, enseguida se precipitan diciendo que… no la conocen, y que cada vez les sorprende más. Un buen “marineiro” no pretende domesticar las olas; debe saber sortearlas y seguir con ellas, en la improvisada y en la imprevista actitud de la sorpresa.

El barco que navega enfrentándose, el avión que vuela enfrentándose a las condiciones en las que ha de estar, termina fracturado; ¡roto!

Y luego se lamenta del naufragio.

Y si hay algo que en nuestra consciencia cuadricular puede cambiar a una consciencia espiral es la consciencia amorosa, la consciencia de amante –el que ama-. Porque es la consciencia que nos permite darnos cuenta del Amor que nos tiene la Creación, ¡gracias al cual se da la Vida!

De nuevo la Creación se vuelve infinitamente misericordiosa, bondadosa, dadivosa… evidente

“Por favor”...

***

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