La Presión

 

Y es fácil descubrir en qué medida, vivir implica –hoy- estar bajo presiones y, a su vez, presionar. Y pareciera que la gravedad del planeta en el que habitamos se hubiera hecho más grande.

Porque, ciertamente, con esa palabra –“gravedad”- podemos catalogar el estado de esa presión que, con pensamientos, palabras, obras ¡y omisiones!, ejercita la especie humanidad sobre sí misma y sobre todo lo que constituye su entorno.

Pareciera que fuera un imperativo categórico, una necesidad de vivir, el presionar… hasta –con harta frecuencia- oprimir, obligar, castigar, perseguir, imponer…

Así que es de… “deber de honor” el evaluar-se, en cuanto a la presión que nuestro hacer puede generar.

¡Ah! Y no olvidar la auto-presión. La presión que por… condicionamientos, cultura, aprendizaje, ambiente… se promueve y se hace más o menos continuamente. Ese afán por llegar, lograr, conseguir, alcanzar, dominar, controlar… ¡uf!, eso es presión.

¡Claro! A la hora de evaluarlo es importante que se caiga en la cuenta de que la auto-presión, más pronto o más tarde, termina sal-picando. No es solamente “mi” problema, es “el” problema que además puedo generar por mi auto-presión.

Todo el mundo parece decir que quiere un mundo mejor, algo mejor, ¡algo mejor!… y, a veces, con tanto “algo mejor”, se ejercita tanta presión que, lo que hay de “mejor”, se ve tan exigido que se anula.

Pareciera que no se pudiera conseguir “algo”, si no es bajo estados de presión; presionando.

Y sí, eso es lo cotidiano, pero… ¿cuál es –y aquí viene la exclamación del Sentido Orante- cuál es el precio que genera ese estado de presión? ¿Cuál es el precio sobre la vida, sobre su calidad, sobre su caridad, sobre su ánimo? ¿Cómo están las emociones, presionadas? ¿Cómo están los sentires, presionados? ¿Cómo se encuentran las alegrías, presionadas?

Y como se suele decir, “la presión tiende a salir por alguna parte”. Y, claro, sale con desafío, imposición, demanda, razones… Más presión.

El Sentido Orante nos advierte de que la naturaleza de la vida, y su expresión de Universo, no se logra o se consigue por la iniciativa de la presión…; más bien, con ella se deprime, se entristece, porque termina por no encontrar salida. Y en vez de aguardar, observar y contemplar los signos que la Creación marca en su Misterio, y seguir en obediencia… a veces con gusto, a veces sin gusto…

Pero con la certeza del sentir, del pensar y del hacer –con ello- no es preciso la presión, la auto-presión. Y cualquier presión que sobre el sentido auténtico se aproxime o amenace, ella misma se diluirá.

La cotidiana situación, en presión permanente, ya se hace prisión. ¿Quién está libre? ¿Quién está fuera de la prisión… que ha creado la presión?

Y mientras la especie se consume, presionada y condicionada permanentemente por la adquisición de sus logros –no por la expresión de sus capacidades y magnificencias, aunque habría excepciones-…, mientras todo eso sucede, la Creación continúa sin presión, ¡sin obstáculos!, su expansión y su generación de nuevos espacios…

Nace cada día. Y nos sitúa cada día en perspectivas diferentes.

El índice de consciencia a veces no se apercibe de ello, y cree que todos los días son parecidos o iguales. Y resulta que durante el sueño hemos recorrido cientos de miles de millones de kilómetros, y nos hemos situado en otra perspectiva dimensional.

¡Mientras, la consciencia ordinaria persiste y permanece en la búsqueda de sus logros… presionando!

¿Y si –dice el Sentido Orante- y si en vez de presionar, impresiona?

¿Y si cambiamos la presión por la impresión? Y en vez de presionarnos, nos impresionamos y buscamos la manera de impresionar, como un juego de globos en el que cada uno exhibe el más grande o el más pequeño, o el más rojo o el más verde o el más azul.

Y nos impresionamos, no para asustarnos ni para mediatizarnos, obviamente, ni para presionarnos, sino para mostrar nuestras habilidades, nuestras capacidades, nuestras virtudes, como ese pequeño que, al vernos, exhibe su media palabra, su sonrisa, sus movimientos –el pequeño repertorio; para él, el gran repertorio-, y nos impresiona.

Ahí, ahí sí está la veta. La veta: véase la originalidad, la singularidad del ser.

Impresionar…

Sin búsqueda de ganancias, sino como expresión similar a un gran espectáculo.

“¡El gran espectáculo de la vida!: Pasen e impresionen con sus singularidades. Nadie, ¡nadie!... tendrá la suya. Sólo usted podrá expresarla. No trate de imitar, no trate de competir, no trate de imponer… o ganar. ¡Impresione con sus bondades! Impresione con sus ‘haceres’. Impresione con su estar”.

Si nos fijamos, permanentemente, en cualquier lugar en que estemos –“si nos fijamos”- se nos impresiona.

Y nos impresiona la bruma de una ola; y nos impresiona el amanecer tardío de la niebla; y nos impresiona el ocaso junto al río; y nos impresiona el canto del jilguero o la gracia de la avispa.

Si prestamos atención, es posible que convirtamos muchas presiones, en impresiones.

Y muchas teóricas imposiciones, en expresiones.

Si buscamos la manera de expresarnos, impresionando, estaremos en el atento y cuidadoso estar de una relación, de unas relaciones que ¡siempre prometen y siempre cumplen!, porque son expresiones del talento impresionante que tiene cada expresión de vida.

El ejercicio de la expresión que impresiona, nos muestra el talento que –como Tarento- tiene cada ser, y nos saca de la prisión de la presión.

Es un hacer continuo, que hoy tenemos que… ¡esforzarnos por hacerlo! Porque lo que sale es la presión. Ese esfuerzo –como fuerza que somos-, pronto, cuando el ejercicio se practifique, dejará de ser un esfuerzo, para constituirse en un estado de liberación; para darse cuenta de cuán presionado se estaba… y cómo el Sentido Orante nos impresiona lo suficiente como para ¡advertirnos!, ¡guiarnos!, ¡mostrarnos!... cuál es nuestra verdadera naturaleza; que, a fuerza de imponerse sobre sí misma, deja de recordar su esencia; se hace torpe y obsesiva, indecisa y violenta.

La sorpresa, la fantasía, la confianza… que adornan este transcurrir de este tiempo estelar, nos favorecen en esa impresión –fantasía-, en esa sorpresa –expresión-, en ese talento –confianza-.

Si a todo esto se lo matiza con la influencia del lugar, el espacio, las posibilidades, los recursos, no hay motivo para eludir la expresión que impresiona; el talento que se muestra.

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