El sentido de vivir

 

Y llegamos, aquí, a este lugar del Universo, porque nos traen. Y nos traen… por lo que llamamos “Creación”, dentro de un plan que no alcanzamos a conocer, ni comprender, ni entender. Un Misterio. Y por ello lo llamamos “Misterio Creador”.

Nuestras capacidades, nuestros recursos, según nuestros estudios, han ido evolucionando por los medios de que disponemos; nos han llevado hasta la dualidad, ocasionalmente vivimos la unicidad… Pero, dentro de nuestra capacitación, cabría preguntarse: “¿Y qué sentido tiene todo esto?”.

¿Que qué es esto?: ¡Bueno! “Esto” puede ser la vida, los planetas, las estrellas… ¡las cosas que sabemos! Bueno, “que sabemos”; que les hemos dado esa explicación de causa-efecto.

Seguramente todos los seres, en algún momento, se preguntan algo parecido a esta pregunta –valga la redundancia-: “¿Qué sentido tiene todo esto?”.

En un primer plano, lo que podemos hacer es callarnos. Silencio.

En un segundo plano podemos decir:

.- Bueno… la Creación tiene el sentido de mostrar…

.- ¿Mostrar?... ¿Simplemente mostrar?

.- Puede ser, puede ser.

Nos imaginamos siempre, claro –¡o no es imaginación!-, un punto de partida. Igual que hacen los astrónomos y los astrofísicos con “el Big Bang”: un punto de partida. Pero ¿no les paree un poco pobre –o “probre”- este planteamiento? Claro, porque… explicar las cosas a partir de un punto…

.- ¿Y antes de ese punto?

.- No, no. Hay que explicarlo a partir de este punto.

Es como contar una historia a partir de…

.- La historia empieza en 1888…

.- ¡Ah!... ¿Y antes?

.- No, antes no hay historia.

.- ¿Cómo que no hay historia?

.- ¡Que no! Para entender bien “ahora”, empecemos en 1888, con los esclavos.

.- ¿Los esclavos?

.- Sí; con los esclavos.

.- Ya, pero…

En ese punto se está habitualmente: se empieza una historia a partir de un punto que… puede ser casual, circunstancial, divino, misterioso… En fin, ya podemos empezar a poner palabras.

Lo que observamos a primera vista, en el Sentido Orante de hoy, es que si no intuimos, sabemos, percibimos, sospechamos… cuál es el modelo que da sentido a nuestra presencia, nos va a costar un cierto trabajo –cuando tengamos un lapsus de tiempo para pensar-, un cierto trabajo el decidirnos por… golpear, gritar, saltar… Sí. Porque, al no sentir el sentido –“¿qué sentido tiene…?”- nos podemos perder.

No obstante, aun así, el fenómeno de la vida tiene recursos, tiene potencia para seguir.

Y al tener esa potencia, nos preguntamos… “Bueno, esto procede ¿de dónde? Esa potencia para seguir”.

Si nos llaman a orar y nos someten a esta cuestión –en la que estamos ahora mismo- es para, decididamente, confundirnos. Sí. Como se está ahora mismo. Bueno, habrá excepciones a lo mejor, pero en general, una cierta confusión. Casi estamos en… “La parte contratante de la primera parte es igual que la parte contratante de la segunda parte”.

¿Y qué necesidad había, de Crear? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Es parte del hedonismo divino? Al sentirse tan divino, decide crear y ver: “¿¡Qué cosa!... qué cosa he hecho?”.

¿Eso…? ¿Será eso?

La egolatría del mismísimo Dios se aburre, y crea; y así se divierte. Pero… ¿no es ese un modelo muy particular, humano, que se ve en las acciones que realizamos? ¿Vale ese criterio para situarnos?

No.

Entonces estamos más perdidos. Perdidos en… ¡en un Universo!

Y nos siguen llevando y transportando hacia… ¡quién sabe!

Perdidos sin Sentido.

¡Ah! Por eso… hay muchas personas que a veces se paran circunstancialmente y dicen: “¿Y qué sentido tiene hacer esto? ¿Y qué sentido…? Pues no le encuentro sentido a lo que hago”, y tal. Les entra la “sinsentitis”, una de las múltiples estupideces humanas, producto de la egolatría simpático-mimética que busca saber y entenderlo todo: “sinsentiditis”.

“Ah, porque yo no valgo para nada, porque tal”…: la depreciación de la moneda, buscando autoestima; como si fuera un Dios cualquiera que quiere que sus súbditos le respondan adecuadamente, y él quiere tener la suficiente capacidad y poder para modificar y corregir los errores.

Luego viene la catalogación y el valor:

.- Pues no valgo para nada, no sirvo para nada…

.- ¿Y quién vale? A ver, ¿quién vale? ¿Qué podemos hacer en esta perdición? ¿Quién vale?

.- No, pero Fulano hace no sé qué, Mengano hace no sé cuánto…

.- ¡Y qué!... Los gusanos lo digerirán y no se darán cuenta de qué han comido. ¡Vaya futuro!

Entonces, la sinsentititis conviene sintetizarla en un trozo de plástico y tirarla a la basura. Al contenedor de los plásticos, ¡claro! Porque puestos, puestos, puestos, no hay ningún sentido en todo esto. Así que pretender saberlo o conocerlo, y al no saberlo y no conocerlo, rasgarse las vestiduras, ‘latigarse’, machacarse y tal… es una vanidad vanidosa.

“¿Vanidad vanidosa?... Debe de ser, eso, terrible”.

Lo curioso de estar perdido es que llevamos un rato perdidos. Quiero decir que… que nunca nos hemos encontrado.

No obstante, los [1]“alcornoques” racionalistas pertenecen a un país, a un sitio, a un lugar… y no acceden a estas preguntas orantes. No. Se quedan en su barrio, en su equipo, en su comida… y plus.

Normalmente, cuando uno se pierde, pregunta.

“¡Je, je!… ¡Hala! ¡Ve a preguntar! ¿A quién le vas a preguntar, a ver? ¿Al obispo? ¿Al primero que pasa por la calle?:

«Oye, estoy perdido, no sé en qué parte del Universo estoy, esto es un misterio, no sé por qué vivo… ¿Me puedes contestar a estas preguntas, por favor?»”.

 

Pues es probable que pasen varias cosas: una, que nos declaren incompetentes mentales; y otra, que decididamente nos traten… nos traten ¡con tratamiento!, y nos obnubilen un poco la mente para que pensemos cosas sensatas.

¡Bueno! Pues vemos que preguntar…

“¡Es que estoy perdido!…”.

Bueno, pues cuando se está perdido, se pregunta. Pero, claro, ¿a quién se pregunta? Pues lo propio es preguntar a los de tu especie. Estos, como vemos, no… no están para esas preguntas. Y las otras especies, como que están offside, o sea, fuera de juego. O han respondido ya a esa pregunta, y lo tienen muy claro, o… bueno, vuelve otra pregunta:

.- ¿Qué pintan ahí? ¿Qué pinta el escarabajo pelotero? Pero ¿para qué crearon un ser de esa característica? ¡A ver! ¿No sería mejor un elefante marsupial?”.

.- ¡Uf! No, si puestos a crear… nos podemos imaginar miles de cosas.

Pero… volvamos al perdido.

.- Y entonces, cuando se está perdido… ¿qué se hace?

.- ¡Ah! Pues se mandan señales de humo, se manda un… iba a decir un SMS; no, un SOS. Aunque hoy en día habría que mandar un SMS, pero no sabemos a dónde.

.- ¿Y…?

.- Pues… seguramente habrán mandado ya muchos SOS.

.- ¿Y…?

.- Y las respuestas son las que hay… socialmente hablando, culturalmente hablando, científicamente hablando, religiosamente hablando… conocidas por –más o menos- casi todos. Y que a unos y a otros les satisfacen en mayor o menor medida… y “a vivir, que son dos días”.

La verdad es que la situación se pone difícil.

.- ¿Y si la Creación fuera una singularidad, dentro de las infinitas singularidades que pueden existir?... Y no tuviera mayor importancia; tan solo importancia para lo creado, que, dado su ínfimo nivel, se angustia y se siente solo y desesperado.

¡Pobre!...

.- Pero Dios lo tiene que haber calculado. El Misterio lo tiene que haber previsto.

.- Pero ¿quién ha dicho que el Misterio tenga previsión? No. Disculpe. No es previsible; es imprevisible.

.- ¡Ah! Eso ya es más evidente.

“Una singularidad, dentro de infinitas singularidades de Universos”.

¡Ffffff! ¡Qué grande!... ¡Qué grande! ¡Qué infinito!

 

Cuando amamos… ¿sabemos, conocemos, entendemos y… percibimos lo que amamos?

¿Sabemos por qué amamos una idea, un lugar, a una persona, a un animal, a una planta, un proyecto?....

No. No sabemos. ¡Creemos conocer “algo” de lo que amamos!, de lo que nos atrae. No sabemos tampoco por qué. Podemos explicar algo: “¡Ah! Porque es bonito, porque es. –¡Pero para otros es feo!-. “Porque es interesante, porque es una experiencia nueva…”.

Luego hay un aspecto de la vida del ser humano, que es el hecho puntual de… el Amar, en el que no se precisan antecedentes, no se necesitan explicaciones, no hacen falta justificaciones. “Ocurre”.

Esa vivencia de Amar es el equivalente de la respuesta a la pregunta de “el sentido”; de “el porqué”; simplemente elimina esa cuestión del porqué o del sentido: se siente, acontece, sucede. Y no necesito, para vivirlo, una explicación.

Y el Amar ¿fue capaz de crear?

¿Y qué es lo que hace el hombre, cuando hace… amadamente? Se recrea. A cierto nivel, crea.

En consecuencia, podríamos decir que Amar es la frecuencia que tiene posibilidades de crear… ¡y algo más!

Así que, después de tanto vericueto, podríamos llegar a la idea de que… lo que se dice: “Dios es Amor”. Y punto.

¿Amar sería una consecuencia, o un origen?

Reflexiones interminables.

Parece que tienen principio, pero no lo tienen; parece que tienen final, pero es porque se le pone.

Habitamos en infinitos, en los que no necesitamos encontrarnos. Si habitamos en infinitos, y somos infinitos, no existe la posibilidad de perderse. Perderse es una trampa. El Infinito no tiene pérdidas.

La originalidad del Amar es lo que nos da sentido a cualquier posición; sin pretender darlo. Tiene suficiente fuerza como para rehabilitarnos, reordenarnos, recomponernos, seguir…

No hay principio. No hay fin. Hay sentir. Hay sentir y sentido de amar.

Y somos una minúscula consecuencia de ese acontecer: acontece el Amar y, consecuentemente, singularmente, aparecemos; nos gestan, nos traen, nos ponen.

Es un infinito Misterio, , pero se nos da la ocasión –por la singularidad de la vida- de vivir, y es cuando tiene sentido el “vivir el Amar”.

Por eso nos levantamos, por eso seguimos, por eso continuamos…

(Emite un silbido)

 

***

 

[1] Persona necia, ignorante.

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ORACIÓN

La Oración que realizamos es una Oración que no está circunscrita a ninguna religión. Creemos que la Oración puede ser un instrumento Liberador y Sanador. Y tiene como referencia a la Creación, a las diferentes Fuerzas que nos animan sin entrar en ponerle un nombre u otro. La creencia de que la Oración es un elemento indispensable para nosotros, nos llevó a crear un espacio dedicado exclusivamente a la oración: “La Casa del Sonido de la Luz”, un lugar situado en el País Vasco , en Vizcaya, en la estructura de un caserío. Allí se realizan encuentros orantes y jornadas de retiro.

LA CASA DEL SONIDO DE LA LUZ

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“La Casa del Sonido de la Luz” ARGI DOINU ETXEA se encuentra en la localidad de Ea, Vizcaya. Un espacio abierto para los alumnos de la Escuela Neijing, los cuales pueden realizar estancias de 1 a 5 días.
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