Hoy es escaso el sentido comunicante solidario

 

Las llamadas “falsas noticias” –o fake news- son una antesala de una escalada de miedos, advertencias, terrores…, como si se estuviera preparando, a la población, a recluirse, a retraerse, a separarse, a mantener un nivel de desconfianza cada vez mayor. Y de esta forma, junto con las malas noticias, con las falsas noticias, se añadirán los falsos informes de dirigentes, gobernantes, banqueros, etcétera; ¡que no es nada nuevo!, pero que, añadidos, someterán a la población a una situación, a unas circunstancias… desoladoras.

El Sentido Orante nos advierte de esta situación que va in crescendo y que va poniendo en duda las palabras de cada uno.

A todo esto, dada la situación, las comunicaciones de unos a otros se hacen barrocas, complejas, difíciles… por el miedo a la sinceridad. Lo sincero ocupa un papel destructor, en un entramado de mentiras, ocultamientos, sectarismos, radicalismos…

La superficial información de agencias de prensa, corresponsales, periódicos, revistas… está siendo cada vez menor, y más y más superficial; de tal forma y manera que la información que podríamos necesitar –fíjense bien- se expresa y se remonta a sitios, lugares, etcétera, en los que no podemos comprobar. No podemos comprobar si eso está ocurriendo o no. De ninguna manera.

Estas informaciones a distancia no se quedan relegadas a esos espacios, sino que se transmiten –como decíamos al principio- a cada uno y a cada cercanía.

Y así, no será de extrañar que las informaciones más cercanas, los saberes más próximos… estén ocultos, estén sesgados, estén más o menos claros; y den lugar, como es de suponer, a todo tipo de especulaciones.

Ante tanta especulación, los bulos, los comentarios mordaces, las hipótesis, las teorías… se hacen frecuentes, y establecen todo un contenido de nuevas falsas noticias.

¿Qué versión será la que tenga cada uno, de un mismo hecho? ¿O qué no-versión? Es decir, rechazar cualquier versión de cualquier hecho; con lo cual, ninguna información interesa, tan sólo lo que uno hace.

Todo esto da una consciencia de desolación.

 El Sentido Orante nos recuerda la necesidad de la expresión sincera, de la intimidad necesaria, del cuidado con las palabras, de ¡la silenciosa escucha!, de la disolución de prejuicios y ¡la presunción de inocencia!... antes de lanzarse a condenar, atacar, criticar, acidificar, crear malestar…

Pronto, la Llamada Orante nos urge a posicionarnos ante los silencios que deberían ser palabras, ante las palabras que deberían ser silencios, ante nuestra propia comunicación… y la advertencia de la comunicación de los demás, con nosotros.

Hoy es escaso el sentido comunicante solidario, compartido, ¡consensuado!, consolidado. Y es fácil que se introduzcan variables de distorsión, variables de equivocaciones que conduzcan a la desidia o a los enfrentamientos.

Se reclama, desde el Sentido Orante, estar atentos a los repentinos e inesperados momentos de respuesta, exagerados… o a las inquisitoriales opiniones hacia lo externo o hacia lo interno… Pero, con todos esos cuidados, no hay que descuidar la puesta en claro de lo que se piensa, lo que se siente, lo que se opina, ¡pero con recursos!, ¡con evidencias!

Porque existe obviamente la tentación de, ante el miedo a contaminarse, apartarse, huirse, recluirse –como decíamos-, separarse, y crear una desconfianza mutua… ¡tensa!

Y justamente lo que se precisa es esa palabra sincera, ese silencio cómplice de entenderse, de comprenderse, de ¡confabularse!… en lo bondadoso, en lo alegre, en lo divertido.

El Sentido Orante nos avisa también de que, ante esa situación de ánimo, de alma, de animismo relacional; ante esa confusión y caos que poco a poco se va adueñando de la convivencia, es importantísimo saber que eso está instaurado y generado por un deterioro del dominio, del control, de la violencia y… del poder en general, en y dentro de la vida. Y a esa palabra hay que referenciarse, “la vida”, como una palabra que nos advierte, que nos abre los ojos y que nos da la perspectiva de saber que… por lo menos, aún queda mucho por vivir. “Por lo menos”.

Y esto, que parece que pueda estar al margen de la noticia, de la comunicación, etcétera, no lo está. No; porque si argumentamos a propósito de la Fuerza de la Vida en cuanto a su expresión, su manifestación, su defensa, su adaptación, su pleomorfismo, su capacidad de respuesta ante agentes que deterioran la vida, si incorporamos esa idea, sin duda vamos a tener un leitmotiv, una motivación para creer en los recursos de la claridad, en los recursos de la sinceridad, en los recursos de las evidencias, en los recursos de la solidaridad, en los recursos del acercamiento, en los recursos de la comprensión, en los recursos de los afectos…; no en los recursos de los defectos.

Y de esta forma, cada vez que aparece la distorsión, la duda, la sospecha, de inmediato reclamamos, a la vida, que se manifieste, que aclare, que diga… antes de quedar ahogados por la eterna sospecha; antes de que estemos ¡condenando permanentemente a todos!… en vez de –“en vez de”- ¡respetar a todos!

Como vida que somos ante… ante todo, debemos testimoniarnos como tales… y ofrecer nuestras mejores garantías, nuestros más reconfortantes recursos y remedios, nuestras opciones de resolución, ¡nuestras valías de arte!...; los reconocidos criterios de conciliar, regular y ¡pactar!; de sabernos necesitados de todo lo que nos rodea, y de saber que ¡también somos necesidad de otros!...

Y, por tanto, debemos estar en plenitud… en plenitud de vida, de disponibilidad… y de asumir generosamente, humildemente y sumisamente, ante el Cielo, nuestra presencia, nuestra llegada, nuestro deber… sabiendo adaptarlo a cada situación y necesidad.

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La Oración que realizamos es una Oración que no está circunscrita a ninguna religión. Creemos que la Oración puede ser un instrumento Liberador y Sanador. Y tiene como referencia a la Creación, a las diferentes Fuerzas que nos animan sin entrar en ponerle un nombre u otro. La creencia de que la Oración es un elemento indispensable para nosotros, nos llevó a crear un espacio dedicado exclusivamente a la oración: “La Casa del Sonido de la Luz”, un lugar situado en el País Vasco , en Vizcaya, en la estructura de un caserío. Allí se realizan encuentros orantes y jornadas de retiro.

LA CASA DEL SONIDO DE LA LUZ

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“La Casa del Sonido de la Luz” ARGI DOINU ETXEA se encuentra en la localidad de Ea, Vizcaya. Un espacio abierto para los alumnos de la Escuela Neijing, los cuales pueden realizar estancias de 1 a 5 días.
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